15 noviembre, 2013

¿En qué nos hemos convertido? ¿En qué me convertí yo...?
Quiero volver a ser la misma. Y lo intento cada mañana, a cada paso que marco firme, en cada carcajada. No debo dejar que el brillo de mis ojos se atenue, cuando me queda toda la vida para ello.
No deberíamos avergonzarnos por ser quien somos, no deberíamos dejar que nos afecten los comentarios. Solo nosotros dejamos que nos hagan daño los demás, que nos afecte y que consigan su objetivo.
Debemos compadecernos de ellos pues nos juzgan por ignorancia, por miedo, por inseguridad. No son capaces de ver más allá cuando existen muchas más cosas a través de ese muro que ellos mismos han construido por ese mismo miedo. Y es que sentimos la necesidad de etiquetar por temor a lo desconocido. Es lo que me llega hacer pensar en lo simples que somos. En lo limitados que somos en ese sentido.
Los prejuicios bailan a nuestro alrededor, nos hacen presos y nos encadenan a caer en mentes cerradas con pocos escrúpulos. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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